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- Ella dejó la cafetera en la mesa y lo miró extrañado. Se sirvió un poco de café y la dejó al lado de él para que hiciese lo mismo.

- Pensó durante unos instantes la respuesta.
- Nunca me lo habías preguntado. ¿Porqué ahora?
Los ojos caoba de él le miraban interrogantes.
El café humeaba y llenaba la habitación con su aroma.
- No sé. Estos dias ando dandole vueltas. -Dijo mientras bebía un pequeño sorbo.
- Ya, pero por algo será, ¿no?
El permaneció en silencio mirando su taza.
Ella le miró a los ojos mientras se recostaba en su sillón.- ¿Quizás temas su castigo? -. Preguntó.
El levantó la cabeza sorprendido.
-¿Castigo?, ¡qué tontería!, ¿porqué habría de temer su castigo?
Ella guardó silencio. El humo del café le inundaba los sentidos cuando bebía. Cerró los ojos y lo paladeó lentamente.
Sólo se oía el crujir del sillón de él cuando cambiaba de postura.
Ella permanecía en silencio y con los ojos cerrados.
- Ya te digo... Sólo era una pregunta.
Entonces habló.
- ¿Sabes lo que decía Lope de Vega en una de sus poesías?
Silencio. El silencio sólo era roto por el ruido del reloj y el latir de sus corazones cada vez más rapido.
- Decía ... "Que por amarme a mí dejé de amaros".
De nuevo el silencio los cubrió con su espesa manta.
Ella continuaba con los ojos cerrados y su cabeza recostada sobre el respaldo.
- ¿Hay otra?
Se oyó la taza de él al dejarla sobre el plato.
- No.
- No te preocupes -. Dijo ella entre susurros. -Yo también dejé de amarte hace tiempo.
- Y... ¿Porqué seguimos juntos? - Su pregunta parecía sincera.
Ella abrió los ojos. Sus ojos estaban húmedos. Eran grandes y rasgados. Un mechón de pelo le caía sobre ellos haciéndola aún mas bella.
- Porque te quiero.
El se dejó caer sobre el sillón y sus ojos miraron los de ella.
También estaban húmedos.
- Yo también te quiero.
Los dos se miraron durante un eterno instante y se hablaron como sólo ellos se sabían hablar.
Ella sonrió levemente y dijo .-¿Sabes qué decía también Lope?.- Decía "Muere la vida y vivo yo sin vida".
El corazón de el dió un vuelco. Le fascinaba la capacidad y la inteligencia de ella.
La cabeza de él cayó sobre su pecho.
- Es eso, sin ti no soy nadie. Me muero.
Ella sollozó un poco más sin disimular.
- Es eso... yo también te quiero.

Autor desconocido.

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Etiquetas: AMOR

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